MURA i els tions

Tenía pendiente subir estas fotos. Bien, vale, estas y muchas más. Enero, para los estudiantes, sigue siendo ese mes complicado, lleno de trabajos finales y exámenes. El mío no es muy diferente. A pesar de que mi equipo de trabajo y yo ya presentamos un proyecto en el que habíamos estado trabajando bastante (casi nos causa una baja, así que imaginaos…), aún me espera la grabación, edición y montaje de un programa de radio, un trabajo teórico (de esos que me son poco atractivos, sí) y dos exámenes, pero como siempre dice mi compañero J intentando doblar a uno de los personajes de Gru, Mi Villano favorito: “No os preocupéis, todo saldrá bien” ;P… ¡¡Además!! esta semana también tengo una reunión importante relacionada con el proyecto en el que estoy emprendiendo. Hasta ahora ha sido muy difícil ponerme al 100% con ello a causa de la universidad, pero ¡¡cuántas ganas de empezar ya con todo lo relacionado con Heyring!! 2016 está lleno de muuchas sorpresas. 😊

Como ya os había contando en mi página de Facebook, la primera semana de Enero fui a visitar un pueblecito que desde hacía tiempo me llamaba la atención, Mura. Al llegar y al acercarme a la oficina de Turismo, me enteré de que en esos días había una ruta por el pueblo llamada “La Ruta dels Tions”. Un tió es, con nombre y apellidos, El Tió de Nadal o también conocido como El Caga Tió. Es una tradición -infantil, más bien- que se celebra en Cataluña y Aragón. El Tió de Nadal es un tronco que, debajo de la manta que le cubre, caga regalos mientras los niños le dan toquecitos con un bastón o palo a la vez que le cantan canciones propias del tió. Hace referencia a lo que vendría ser el tronco del árbol de Navidad, que en la mañana del 25 está lleno de regalos. La diferencia es que, en vez del árbol de Navidad, en muchos hogares catalanes se opta por recibir los regalos a través del caga-tió

¡Más abajo veréis lo bien que posaron els tions ante mi cámara!

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Gabriela.

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Mi verano en BRUSELAS

6 semanas paseando por esta ciudad, que hasta los vendedores de souvenirs me saludaban cuando andaba por la Grand Place. 6 semanas que se suman a mi currículum de experiencias que no olvidaré y de viajes que me hicieron más valiente. 6 semanas en las que conocí a gente increíble que venía de diferentes rincones del planeta, cada uno con experiencias distintas, con historias bonitas, con mundo recorrido, personas que me recordaron que “no-tengo-miedo” es la llave que abre la puerta de las experiencias.

Supongo que es en estos momentos de reflexión cuando más consciente soy de lo atrevida que me volví en algún momento de mi vida. De las ganas de salir, viajar y conocer que acabaron superando el miedo a lo desconocido. No, no me he ido al Amazonas ni he pasado 6 semanas con nativos viviendo su cultura (aunque si me dejan, lo hago), pero me siento orgullosa de las veces que me he plantado, sola, en ciudades desconocidas que esperaban impacientes a ser descubiertas por mí.

G.

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| MONT DES ARTS |
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IMG_5639IMG_5648IMG_5627IMG_5481| GALERIES ROYALES SAINT-HUBERT |IMG_5602 k00| ATOMIUM |

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Et volià! C’est fini :).

SUIZA | Entre montañas y lagos de color turquesa, me perdí.

Si me preguntan si prefiero el mar o la montaña mi respuesta es: las pequeñas montañas con vistas al mar y acantilados a los que te puedas asomar. Mientras haya algún caminito por el que andar, me gustan ambas cosas.

La semana pasada estuve una semana en Suiza, en un pueblecito llamado Veysonnaz que está arriba en la montaña. El apartamento, de estilo rústico, era pequeño pero suficiente. Total, para lo poco que estuve allá adentro. Como no me gusta andar, salí todos los días a hacer excursiones. Y me perdí una vez. Creo que es la primera vez que me pierdo en una de mis excursiones por pueblecitos y ciudades de estas tierras. Pero fueron las montañas. Que me cautivaron y perdí la orientación, la noción del tiempo y las ganas de volver a la ciudad. Me quería quedar allí. Allí, rodeada de los Alpes suizos, del silencio y del canto de los pajarillos que agradecían vivir en un lugar tan extraordinario como ese.

Visité Montreux, un pueblecito que bordea el Lago Lemán…y qué vistas! Al otro lado, Francia, que me esperaba al siguiente día. Me subí en un barco que recorrió durante un rato algunos puntos de la costa. En el trayecto iba haciendo un montón de fotos. Primero con miradas y luego con la cámara…que se bañó de un par de gotas cuando nos alcanzó una pequeña ola que chocó contra el estribor. ¡Cómo marean los barcos, oye!

Ah, luego tomé un helado que estaba de lo más rico, sepan ustedes. Y me guardé la cucharita de plástico tan elegante que me venía incluída así como de recuerdo. Y no la tiré. Sí, qué rebelde.

Una mañana, despertada con una sonrisa de las más tiernas que una puede presenciar, fui a la zona francesa, pero no abandoné el Lago Lemán. Y ahí me bañé. Me estiré en el agua boca arriba, tal y como me había enseñado mi profesor de natación cuando era pequeña. Bueno…quien dice enseñar, dice que me tiró a la piscina sin ningún tipo de instrucciones. Recuerdo esa escena porque, de algún modo, me enseñó a ser valiente. Que no siempre habrá alguien a tu lado para enseñarte a nadar, que a veces el impulso que necesitas es que simplemente te obliguen a tirarte a la piscina y salgas a flote tú sola. Y ahí volvía a estar yo. Sola. En esa especie de mar turquesa. El sol acariciaba la cara y yo le evitaba la mirada. Ahí también me perdí y dejé que el tiempo corriera sin prisa. No podía esconder la sonrisa mientras me equilibraba en esas aguas. Me emocionaba todo. Estar allí rodeada de montañas y de casitas de colores decoradas de plantas y flores. Me encanta nadar, pero nado poco, casi nada. Aproveché cada segundo en esas aguas. Unas mariposas, algunas brazadas y finalmente al estilo libre. Y qué libre.

¿Os imagináis estar en una piscina con vistas a los picos de unas montañas que se alzan presumiendo frente a vosotros? Pues así. Así estaba yo en la piscina de al lado del apartamento. Ese azul de las baldosas, los destellos del sol que se colaban por el techo y las paredes de madera conjuntaban a la perfección con el rojo intenso de mis uñas y mi mano marcada por el sol que acariciaba el agua. Ni el reloj que desde hace más de un año forma parte de mi muñeca -y por el que ahora tengo el brazo izquierdo como un mapa de degradado- me recordaba que en algún momento todas esas vistas y sensaciones desaparecerían. El tiempo se paraba.

El primer día que me asomé a esas tierras sentí una sensación de emoción tan intensa que hasta me dieron ganas de llorar. Y entonces recordé una preciosa promesa que se guarda en mi corazón desde hace ya muchos años. Es un versículo de la Biblia, Jeremías 33:3.

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”

Quizá totalmente descontextualizado, pero es inevitable que no piense en él cada vez que veo lugares tan impresionantes. Da igual todas las fotografías que haya podido echar, da igual si salieron bonitas o mal, o si la técnica era perfecta o no. Nada, NADA puede describir a la perfección la Creación que me invadió todos aquellos días. Doy gracias a Dios por cada día de mi vida. Porque no merezco nada y él me da más de lo que imagino, sueño o deseo. No hay amor más grande que el que permanece, resiste y es paciente. Es por su Gracia.

Gabriela.

Rotterdam, Den Haag, Groningen…y muchas ganas de seguir aquí.

ROTTERDAM

La pantalla avisaba que la próxima estación era Rotterdam. Y allí me baje.

“Anda, una oficina de turismo dentro de la estación. Compraré un mapa”. Me puse en la cola. Delante de mí unos chicos hablaban español. Me miraron porque sospechaban que era hispanohablante. Me reí cuando se volvieron a su postura inicial. “¿Vais vosotros?”, les pregunté mientras señalaba la ventanilla vacía. Pusieron cara de “sabíamos que hablabas español”. Me volví a reír. “No, no, estamos esperando a esta ventanilla”. Conseguí un mapa. Lo guardé en el bolsillo de atrás. Salí de la estación. Me senté en un muro y me dejé peinar por el viento. Digo peinar porque yo en casa no lo había hecho, y cualquier cosa que me tocara el pelo significaba peinarme. No penséis que voy despeinada por la vida, pero si de algo puedo estar orgullosa es de que tengo una melena que siempre va bien peinada, que casi nunca se enreda y que siempre parece acabada de planchar. “Mejor me hago una trenza. Hace mucho viento hoy”, pensé mientras me abrochaba el jersey tejano. Trenza hecha. “A ver, voy a ver dónde quiero ir”. Saqué el mapa. Perdón, saqué el súper-mapa. Que un poco más y me lo daban en escala real. El mapa empezó a bailar. O a pelearse con el viento que lo azotaba, qué más da. Pero no se estaba quieto. Saqué el boli que tenía dentro del libro que me ha estado acompañando en los súper-trayectos-larguísimos-de-tren y marqué los lugares donde quería ir. Y fui. Saqué un montón de fotos. Llegué a un mercado genialísimo donde encontré un montón de antigüedades que quería comprar. Pero que no compré. Seguí. Encontré paraditas geniales. Qué barato todo allí. Luego vi las casitas cúbicas de Piet Blom y fui. Pagué la entrada del mini-museo (mentira, ni museo ni nada, una casita de tres plantas con alguna decoración para amortiguar el precio y ya) y entré. “¿Pero quién viviría en una casa cúbica? Hay mucho espacio sin aprovechar…” Pensé. Y segundos más tarde un vecino se asomaba por la ventana de la casa de al lado. “Entiendo”. Salí. Y luego anduve y seguí andando, pero no mucho más. Crucé un puente rojo muy genial.  Alguna callecitas. Foto aquí. Foto allá. El cansancio acumulado de toda la semana se empezaba a manifestar. Eran las dos de la tarde y yo ya no quería andar más. Rotterdam no tiene mucha cosa que ver, eso me había dicho y yo lo acaba de comprobar. Y aunque me quedé con ganas de ir al MuseumPark, volví a la estación. Camino a ella se me ocurrió aprovechar la tarde para visitar de paso Den Haag. ¿Cansancio? ¿Qué es eso?

Floating houses
Petita teranyina
I love to go alone but I never feel alone
Rotterdam Train Station
Ole-ole
Piet Blom Cube Houses
Frames
Corner

 

Can you see the house falling? Este Piet Blom! Qué gracioso, oye
Can you see the house falling? Este Piet Blom! Qué gracioso, oye

DEN HAAG

Salí de la estación medio dormida. Y digo medio dormida porque la señora que viajaba unos asientos más adelante se reía de una manera exageradamente molestosa y hablaba a más de 65 decibelios. Y no pude dormir. Estaba cansadísima. Me puse la alarma y todo por si perdía la noción del tiempo y me quedaba dormida. La cosa era seria. “Necesito un café”, pensé. “Pero no de los míos, de esos con leche y sacarina. Necesito un café holandés. De esos negros negros y sin leche ni compasión” así que me acordé de que tenía unos cuantos cupones de  que venían con el billete de tren que incluían un café y algo de comer. Llevaba horas sin comer.  Cogí un sándwich y una botella de agua. Y el café negro, que se lo pedí a la chica de la caja. “4,50€, please” “Can I pay with this card?”, le pregunté esperanzada mientras le enseñaba mi tarjeta “Mm…no”, entonces recordé que ya no me quedaba dinero suelto, así que con el pánico encima y una cola detrás de mí, abrí el monedero y eché todo lo que tenía encima de la caja (mientras la cajera me miraba con cara de “esta me va a hacer un sin-pa y ya le he preparado el café). Salieron los 4,50€. “Doei”, le dije toda orgullosa de mi holandés poco practicado.

El café negro me quemaba las manos. Entre los dientes sujetaba el paquete del sándwich. Buscaba un banco donde sentarme. Todos los bancos ocupados. No tengo más manos. Salí de la estación. “Oye, mira, me siento en el suelo, que total, nadie me conoce”. Vi un montón de bancos bonitos en la puerta de lo que parecía ser un museo que ya estaba cerrado. Me senté. Me acomodé y empecé a tomarme el café. Pasó por al lado mío un chico que parecía que me sonreía. Aparté la mirada. Volví a mirar. Volvió a sonreír. Aparté la mirada para siempre jamás. Me tomé el café. Metí el sándwich y el agua en la mochila. Terminé el café. Demasiado caliente para los 25º que se respiraban en Den Haag. Me fui. “Necesito sacar dinero. Mi madre dice que siempre tengo que llevar dinero suelto en el monedero por si acaso. Y mi madre siempre tiene razón”. Encontré un cajero. Ya me sentía segura. Empecé a andar. Ir a la ciudad fue tan improvisado que ni siquiera pensé en buscar la oficina de turismo para comprar un mapa. Anduve. Anduve bastante como siempre. Y perdí el norte. El sur, el este y el oeste. No sé dónde fui pero sabía que al final de la tarde volvería a la estación. Me dolían los dedos de los pies. Me adentré por calles insólitas. Como siempre. Y luego llegué a lugares bonitos. Y seguí haciendo fotos. Fotos que nunca jamás voy a enseñárselas a nadie. Porque no puedo. Porque las fotos más bonitas, en realidad, no se toman desde una cámara.

Den Haag Central
Rhombus or square?
Survival (Muy fan de Kiosk)
Terrace
Red line moving

GRONINGEN

Paseé por las calles de Groningen con dos chicas realmente geniales. Reímos, hablamos, nos fijamos en los peinados de chicos que se han puesto de moda en Holanda (llegamos a la conclusión de que usan demasiada gomina), subimos 300 escaleras para poder disfrutar de una bonita panorámica de la ciudad, compramos, visitamos tiendas y acabamos cenando juntas. No, en realidad no puedo resumir ese día tan bonito de esta manera tan egoísta, pero sólo puedo decir que fue genial compartir aquel sábado con las hermanas C.; dos chicas que desbordan simpatía y con las que me sentí muy bien arropada en estas tierras tan frías. Gracias!

Framed
Up or down?
Little big details
A time for everything…
Groningen
The doors are open, but you’ll never know unless you try to cross them.
Light

Hace unas horas llegué de tomar un café con una persona que me ha abierto los brazos y las puertas de su casa de un modo increíble. Me siento tan bien con esta familia! Y estoy agradecida por ello. Ni siquiera me he ido y ya me está planeando la próxima vuelta. Si estáis leyendo esto seguramente ya hayáis visto la foto de las puertas, la que dice “The doors are open, but you’ll never know unless you try to cross them” (las puertas están abiertas, pero tú nunca lo sabrás a menos que intentes cruzarlas). Qué gran verdad. No es fácil aceptar retos y comerse el miedo a fallar, pero sin el coraje de querer conocer, aprender y lanzarse a la aventura no estoy segura de que estemos cumpliendo la función de vivir. Que vivir es un verbo. Una acción.

Me encanta cuando alguien me escribe diciéndome que ha leído algún post mío o ha visto algunas fotos. Lo cierto es que WP tiene un crontrol de estadísticas que te muestras la cantidad de personas que han visitado tu blog y desde qué zona del mundo, pero a pesar de ello es mucho más bonito cuando te lo dice alguien directamente. Así que sólo puedo decir gracias una vez más. A todos los que deciden ocupar parte de su tiempo leyendo algo que probablemente sea innecesario en sus vidas. Y gracias a ese par de personitas que estáis ahí siempre.

Un beso especial para mi mami, que dice que “mola” lo que escribo.

Gabriela.

Finde en Utrecht y Amsterdam

Ya se pueden contar con los dedos de una mano las semanas que me quedan para coger el avión de vuelta a casa. Ya sabía yo que todo iba a pasar un rápido. Me he propuesto no dejar florecer la espinilla de la nostalgia hasta después de que me vaya (lo cierto es que pocas horas después de volver a Barcelona, cojo un AVE hacia el centro del país, lo cual me tiene contenta porque así no me bajo de las nubes tan de golpe. Literal…). Ya dice mi versículo favorito que todo tiene su tiempo, algo que a mí personalmente me cuesta mucho aceptar. Voy a dejar los demás comentarios para el último post que escriba desde estas tierras.

Vamos a lo que quería contar! Este fin de semana he disfrutado tanto que ni siquiera sé por dónde empezar a contarlo. Podría empezar por el principio, pero decía Maga[1] que eso era aburrido.

UTRECHT

El sábado me levanté con el sonido de las gotas de lluvia haciendo música en mi ventana. (Qué bonita es mi ventana! Mi habitación está en el ático) y supuse que ese día llovería. Y me alegré. Me encanta la lluvia! Pero hizo sol. Cómo traducirías ‘biking’ al español en una sola palabra? Pues eso, que fui bicicleando a la estación (que como vayas andando por aquí lo mismo te multan y todo. Creo que hasta los perros van en bici…) y desde entonces ya fue genial. Sentir el fresquito de la mañana en la cara y ver al sol aparecer entre medio de algunas nubes grises es una manera bonita de que el Creador te diga buenos días) Aparqué la bicicleta y me dispuse a enfrentarme a la vida sobreviviendo a los transbordos de tren que tenía que hacer para llegar a Utrecht. En Utrecht encontré un MediaMarkt que me permitiría congelar un montón de momentos en esa ciudad…I mean, allí compré una Compact Flash para la cámara y lente que estaba a punto de estrenar. Nada más salir de la estación me endinsé[2] (jai, echo de menos hablar en catalán) por un callejón lleno de gente que disfrutaba de su primera comida del día y yo, cual niña con su vestido nuevo, me paseé por delante de ellos orgullosa de llevar colgada en mi cuello mi 7D. No pude disimular lo emocionada que me sentía de encontrarme en una ciudad tan bonita, sola y con un montón de horas por delante para disfrutar. Y claro, me tiré todo el día sonriendo. Y agujetas, niños, es eso que aparece cuando fuerzas mucho los músculos de alguna parte de tu cuerpo.

No llevaba ningún mapa encima, sólo la imagen del centro de Utrecht que me enseñó Google Maps la noche anterior, pero mi memoria doesn’t work[2] (me encanta decirlo por aquí! Es una de mis frases prefes) muy bien, así que en cualquier momento sabía que el mapa se me borraría. Seguí andando y empecé a hacer un montón de fotos. Me sentía cual guiri por Barcelona. Encontré un punto de información de turismo donde compré algunos souvenirs y conseguí un mapa. Además…¡encontré a españoles! De Madrid, exactamente. Chá sabéis que en ciertas palabras es fácil diferenciarlos. Me hizo ilusión. Y bueno, así pasaron las horas. Paseando por callejones y esquivando a chicos de camisetas verdes que pretendían hacerme rellenar algún formulario. Tocaron las 14h y el cielo se empezó a oscurecer. Las primeras gotas empezaron a caer por los canales de Utrecht (qué bohemio suena eso) y yo seguía andando. Saqué el chubasquero. El chubasquero de mi cámara, digo. Y la protegí. Yo seguía andando con manga corta debajo de la lluvia. Qué sensación tan bonita (¡Niña, abrígate!, diría mi madre) pero en el momento en el que sentí una gota resbalarme por la frente, supe que tenía que refugiarme. Y lo hice. Ese rinconcito era genial. Lo mejor fueron las sonrisas y miradas que provoqué e intercambié con un montón de gente que huía de la lluvia corriendo o bicicleando por aquellas calles. Abandoné el rinconcito, saqué mi jersey negro de la mochila y me volví a endinsar por las calles de Utrecht. Anduve mucho. También me senté en la terraza de algún bar (calla, que como digas “tomé algo en un bar a las 10 de la mañana”, te miran con cara rara. Me pasó. Por lo visto aquí un “bar” sólo hace referencia a un lugar donde salir de fiesta y beber cerveza…) Luego visité el mercado de al lado de la estación y ya me volví. El viaje de vuelta se hizo largo. Estaba cansada. Llegué a Kampen y cogí la bicicleta dirección a casa. Ni siquiera metí la bicicleta en el garaje. Entré por la puerta y saludé con un efusivo “Hi”. “Yes! ‘was very nice! :)” contesté segundos más tarde. Mientras subía las escaleras hacia mi cuarto pensaba: Oh, qué día tan genial. Entré en mi habitación pero pocos minutos después volví a salir. Cogí la bicicleta y pedaleé hasta el centro de la ciudad. A pesar de estar cansada valió la pena ir. Había quedado con una chica y un chico para tomar algo y fue bastante divertido. Y es que, ¿cuándo no es divertido escuchar a los holandeses hablar en Español y Catalán? Estamos a martes y aún me dura el cansancio.

Pont a Utrecht
Red
Decisions
Just walk
Break
Map of Utrecht
“It’s raining cats and dogs”
More cats and dogs
No more cats and dogs
Enjoying
Typical dutch

AMSTERDAM

El domingo conocería a alguien muy genial. Me paseé por Amsterdam con una persona que tiene un corazón increíble y con la que disfruté muchísimo. Creo que su nombre hace referencia a su manera de ser. Linda, se llama. Empezamos la mañana tomando algo (en un restaurante, no en un Bar) con vistas bonitas a un canal de al lado de la estación y conversamos. Conversamos mucho y fue tan interesante! Y luego ya andamos. Andamos bastante. Nosotras hablábamos en español. Ella es holandesa pero habla muy bien el castellano (Nuestra awesome Barcelona le enseñó ;D) así que bien orgullosas nos paseábamos por esas bonitas calles holandesas pronunciando el español. Cada vez que oíamos a alguien hablarlo nos mirábamos contentísimas. Visitamos tiendas y en una de ellas encontramos a dos españoles. En la segunda tienda volvimos a encontrarnos a una chica que al oírnos hablar, se nos acercó y nos saludó. Una gaditana majísima que contándonos su vida potenció mis ganas de quedarme en estas tierras… Linda y yo comimos en la terraza de un lugar genial y seguimos hablando; formulando y contestando preguntas. Aparcamos el cuerpo horas más adelante en una bonita plaza (donde por cierto, hacían una protesta en contra de Israel…) y tomamos algunas fotos. Y un respiro. Luego fuimos a abrazar árboles. “Ahora tú”, me dijo Linda cuando acabó de abrazar al suyo. En ese árbol ella se encontró una moneda de “5 céntimos” y me la dio, y yo contentísima pensé: “Hala! Como en España”, y milésimas de segundos después volví a la tierra y claro, caí en que en Holanda, como en casi toda la Unión Europea, se usa el euro… (Haciendo un breve análisis psicológico me atrevo a decir que inconscientemente echo de menos España. Que la veo (o la quiero ver) por todos lados). Linda me enseñó que la “oe”, en holandés suena como una “u”, y que “Bloem” se pronuncia “Blum”, que quiere decir “Flor”. Durante casi todo el día estuvimos buscando unos dulces (chuches) típicos de Holanda. Encontramos un supermercado donde creíamos que podrían vender y allá dentro, ¿a que no sabéis a quienes nos encontramos? Otros dos madrileños a los que Linda no dudó en decirles “Estos dulces son típicos de Holanda, por si os interesa…” y así fue como empezamos una bonita amistad que duró aproximadamente unos 10 minutos. Una chica argentina también se nos acercó diciendo que le habíamos salvado la vida. Que buscaba una especie de pan Bimbo y no encontraba la sección. Y que no tenía ni idea de cómo se decía pan en holandés. Fue divertido pasear con Linda, porque le iba diciendo “Hola!” a todo el mundo que tenía pinta de ser español.Cenamos en la estación. Pasta. ¡Cuántas semanas sin comer pasta! Qué rica estaba. Y minutos más tarde cada una cogió su tren. Voy a verla muy prontito. Ya tengo ganas.

Train station
Amsterdam Centraal
Hi, are you catalan?
Linda, learning

 

Love fruit
Sandwich
A walk to remember
Pi-Pi
Seeds
Fleur
AMS
Idk what is that. Just take photos.
I-Amsterdam
Ravioli

[1] Uno de los personajes principales de la novela de Julio Cortázar que lleva por título Rayuela.

[2] “Endisar” es una verbo catalán. En español vendría a ser algo así como “adentrarse”

[3] “Doesn’t work” es una especie de expresión (pero no en su totalidad) que en español significa “no funciona/no trabaja”

Gabriela.